lunes, 25 de abril de 2011

La i n t e n s i d a d d e m i s d í a s e n M a r r u e c o s

Podría escribir una de las miles de" juyadas"( que es como llamamos aquí a las fechorías que hacen los locales) que me han pasado en esta última semana, pero hoy me voy a dejar de ironías y contaré un hecho que me pasó la semana pasada.

El cedro, debe de estar en peligro de extinción, y por lo tanto aquí en Marruecos, que está muy barato, pues aprovechamos para comprar cajitas, posa vasos, y botes de lapiceros de esta madera que tiene un olor muy especial.

Pues bien, yo estaba buscando una pieza para comprarme por la medina de Essaouira, callejeando por unas callejuelas muy poco comerciales, cuando me topé con un negocio de 2 escasos metros cuadrados que regentaba un señor sin dientes.
Vi una cajita de madera de cedro, super especial, con unas formas espectaculares.

Pregunté cuanto costaba, y el señor me dio un precio elevado. Le dije, en el mejor de mi darija, que me parecía un poco caro, a lo que él me enseño la herramienta con la que había trabajado la madera, que resultaba ser una lima de uñas metálica...y fue ahí donde me di cuenta de la pieza que tenía en mis manos.

Me decidí, y sin regatear hasta hacerles morder el polvo( que es lo que suelo hacer a menudo), le di el billete. El señor besó el billete y dio las gracias a su dios, y a mi me dio una pena tremenda. Ese señor, me parecía, que realmente necesitaba ese dinero, que no era un comercial de la medina que intenta engañar a los turistas vendiéndole cualquier cosa, a cualquier precio. Este hombre tenía la mirada transparente.


Moraleja esta historia, no tiene mucha. Solo que cada vez que veo esa caja me acuerdo de que en Marruecos he aprendido a saber lo afortunada que soy, y que hay cosas, que no tienen precio(aunque yo me empeñe en regatear siempre).



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